lunes, 15 de agosto de 2011

Viajando ligero de equipaje



El blues que sonaba en el café de aquel bar ya ponía una nota de dulzura en el atardecer. Viajaba en solitario muy cerca del acantilado. El sol descendía con rapidez y el dorado de sus rayos se reflejaba en las casas del valle. La amable invitación me sorprendió.- ¡Entra, deja tu bicicleta donde puedas y sientate en la terraza a cenar!-. No me pude negar, siempre me gusto viajar hacia el interior de las personas. La combinación de los olores de la cocina , la vista desde la elevada terraza y el silencio del atardecer me llenaron de buen rollo. La mesa de madera erosionada por el paso del tiempo me hacia suponer que era un lugar lleno de historias.




Una sencilla comida ofrecida con el mayor de los cariños me hacia olvidarme de todo lo que me rodeaba. Navajas, pimientos italianos, queso manchego curado , regado con un buen vino Don Simón y para rematar la jugada unos mini donuts rellenos de chocolate me llenaron el estomago de aquella manera.




Pero si ni cuerpo estaba repleto, mi espíritu se fue llenando con bonitas historias que mi interlocutor iba desgranando, con la tranquilidad que da el sentirse sabio. Como no teníamos ganas de finalizar la velada, un café y un chupito de ... fueron testigos de los comentarios más profundos y de las disertaciones más delirantes.




Ya que viajaba ligero de equipaje y sin planes a corto plazo, pude disfrutar plenamente de aquellos instantes mágicos. Me costó subirme otra vez a mi montura y retomar la senda por la que había llegado. La oscuridad de la noche, la luna llena que me acompañaba y los chupitos que había tomado me transportaron a mi hogar a la velocidad del rayo. Pero en el trayecto pude ir reviviendo las sensaciones de aquella velada. La casualidad de que te encuentren en el lugar preciso. La suerte de una invitación. La maravilla de encontrar hippies que te abren su corazón. El delicado sabor de unas navajas con salsa de limón.




Hacia tiempo que soñaba con darme una buena cena, por la cara, a la orilla del acantilado y viendo plácidamente caer la noche y por mis muertos, que lo conseguí de la manera más inesperada. ¡JAJAJA!










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