Antes de atravesar la puerta del jardín, el forastero supo que había caído bien al Duque. Una corriente de simpatía se estableció inmediatamente entre los dos.
Durante tres largos días pasearon juntos en silencio. Acompasado el paso, cada uno ensimismado en sus propios intereses, se detenían al unísono a oler el mismo tomillo y a beber de la misma fuente.
Acrecentada por los sucesivos encuentros, la amistad se perpetuó mientras ambos vivieron.
Aquel mastín blanco tenía una verdadera y auténtica nobleza.
Corrían las últimas horas de mi cálido fin de semana. Estaba sentado en una terraza saboreando un café con leche y pensando en mis cosas. Llegó con la gracia de un encantador de serpientes, me miró a los ojos e inundo mi planeta con una alegría inusitada para una persona en su situación. Se presento muy educadamente, pretendía invitarme a una consumición. Se sentó delante de su vino con casera y entre Winston y Winston nos pasamos un par de horas de conversación. Para ser precisos, me pase dos horas escuchando capítulos de su vida.Estefanío es una persona con una cultura por encima de la media, con una capacidad de expresarse muy notable y con una vida llena de experiencias. Saliendo de Cabrales ha pasado media vida entre fogones. Ha trabajado en los mejores restaurantes de Santander y de Madrid.¿Te suena La Dorada?. Y a mitad de su vida se encuentra sin techo, sin cariño, sin dinero y con la única amistad de los que comparten su misma situación. Una hija preciosa que lleva en su móvil es su única esperanza.
Un inocente, como el dice, que empezó cuidando cabras en su pueblo natal y que acabó perdiéndolo todo en alguna mesa de poker. Dos matrimonios rotos, dos hijos por el camino y una santa y otra no tan santa, son los cadáveres que ha dejado en el camino.
Nos despedimos después de un pequeño y divertido incidente con otro amigo del alcohol, con una sonrisa franca. ¡Lo hemos pasado bien! ¡Nos hemos divertido un rato! me dijo mientras se alejaba por la Avenida de La Constitución camino de otro bar donde dan muchos pinchos con el vino.
Me impresionó el capitulo de su primera noche en la calle. Me puso los pelos de punta el capitulo de la noche en compañía de su primer jefe. Me entristeció ver la fotografía de su hijita de tres años y me sigue doliendo la cabeza al pensar en el futuro de este buen hombre.
Era la primera vez que mi flamante Linda Pulgosa hacia una salida con los muchachos de Pelayo. Una simple llamada telefónica del macho alfa sirvió para amalgamar a 10 bicilovers en los alrededores de Pola de Siero. Le sorprendió lo sencillo que es sintonizar con ellos. Le sorprendió el buen recibimiento que tuvo. Se sorprendió al ver bicicletas con tanto pedigrí. Todas llenas de componente sofisticados y con diversas suspensiones con sistemas HMP, SLR o algo parecido( que nos lo explique Chema). Nunca había disfrutado de un tipo de ruta de esas características. Caminos comarcales, rápidos, sinuosos, muy divertidos y con constantes subidas y bajadas. Se atravesaron pequeños bosquecillos con mucho encanto y con una luz que nos anunciaba el cambio de estación.
Pero lo que más le sorprendió a mi, cada vez más querida bicicleta, fue el colofón final. La llegada a Pola de Siero se hizo por el trazado del Camino de Santiago y la sensación final, fue la de encontrarnos en el Pórtico de la Gloria. María y Fran nos recibieron en el fantástico porche de su casa con las manos abiertas. Cervezas y una riquísimas bandejas de embutidos le hicieron darse cuenta de que el que escribe no se va de ruta con cualquiera.
En estos últimos meses me he sumado a un exclusivo grupo de aficionados a la montaña y a otros menesteres. El grupo, la sociedad secreta o lo que sea responde al nombre de "Camel Toe". La salida programada para el viernes pasado no tenia gran complejidad ni era excesivamente complicada. Subir al Picu Piezu es algo que está al alcance de cualquier persona con un mínimo de preparación física. Mis compañeros son personas de gran cultura, de buen humor y con una fenomenal oratoria. Con ellos me gusta caminar, sacar mi cámara para hacer fotos y escuchar las fantásticas historias que allí se van contando. Son paseos para aprender, descubrir y disfrutar. A la hora del bocadillo siempre habrá una delicatesse venida de La France, un buen embutido de nuestra tierra y una charla en la que nuestra risas nos proporcionaran un buen dolor de mandíbula. Por problemas técnicos no he podido postear ni los mejores sonidos, ni las mejores fotos de la jornada, pero en otro momento los sacaré a la luz.
Llego de un viaje de cuatro días por carreteras Astur-Leonesas. Un viaje totalmente organizado por mi compañero. Un viaje preparado al milímetro, en el que no había nada de improvisación. Lo planificado sobre el papel llevado a la practica con la mayor de las precisiones.
Mi manera de realizar un viaje es totalmente diferente. Suelo hacerme una idea general de lo que quiero. Llevar el recorrido preparado y luego dar rienda suelta a la improvisación y a lo que vaya encontrando en el camino.
Viajando la anarquía con la organización y el resultado es de la imagen que te posteo. Puerto de Tarna y dos amigos cogidos por el hombro haciéndose la fotografía de turno.
Pero he de reconocer que todos los kilómetros recorridos han sido bonitos y que nunca está demás compartir y convivir con personas con distintos criterios y maneras de funcionar. Ha sido un viaje tranquilo, alegre, sereno y muy placentero.En el que hemos tenido tiempo de hablar, sudar, comer, reír, observar y sobre todo compartir opiniones y maneras de vivir.
Van pasando los años y las fuerzas ya no son las mismas. No descarto en un futuro utilizar estos aparatitos para moverme por la ciudad. De momento me conformo con mirar y ver lo que disfrutas los turistas al recorrer nuestros paseos sin hacer el mínimo esfuerzo.
Subo este post y me largo de viaje. Será un recorrido por carreteras secundarias. Será un viaje a pocas pulsaciones. Será un viaje en el que el asfalto de nuestra región nos lleve hasta la zona de Riaño. Priorizaremos los momentos de clama y las jornadas gastronómicas. Si hace buen tiempo será inevitable pegarnos unos cuantos chapuzones. Será cuatro días que sin duda nos sabrán a poco.
Por lo tanto los post de esta semana serán totalmente enlatados y con sabor a rancio, pero es lo que hay, o sales de casa o te dedicas al blog y amigos, EL VERANO ES PARA DISFRUTARLO, lo de contarlo lo dejaremos para otros momentos.
El blues que sonaba en el café de aquel bar ya ponía una nota de dulzura en el atardecer. Viajaba en solitario muy cerca del acantilado. El sol descendía con rapidez y el dorado de sus rayos se reflejaba en las casas del valle. La amable invitación me sorprendió.- ¡Entra, deja tu bicicleta donde puedas y sientate en la terraza a cenar!-. No me pude negar, siempre me gusto viajar hacia el interior de las personas. La combinación de los olores de la cocina , la vista desde la elevada terraza y el silencio del atardecer me llenaron de buen rollo. La mesa de madera erosionada por el paso del tiempo me hacia suponer que era un lugar lleno de historias.
Una sencilla comida ofrecida con el mayor de los cariños me hacia olvidarme de todo lo que me rodeaba. Navajas, pimientos italianos, queso manchego curado , regado con un buen vino Don Simón y para rematar la jugada unos mini donuts rellenos de chocolate me llenaron el estomago de aquella manera.
Pero si ni cuerpo estaba repleto, mi espíritu se fue llenando con bonitas historias que mi interlocutor iba desgranando, con la tranquilidad que da el sentirse sabio. Como no teníamos ganas de finalizar la velada, un café y un chupito de ... fueron testigos de los comentarios más profundos y de las disertaciones más delirantes.
Ya que viajaba ligero de equipaje y sin planes a corto plazo, pude disfrutar plenamente de aquellos instantes mágicos. Me costó subirme otra vez a mi montura y retomar la senda por la que había llegado. La oscuridad de la noche, la luna llena que me acompañaba y los chupitos que había tomado me transportaron a mi hogar a la velocidad del rayo. Pero en el trayecto pude ir reviviendo las sensaciones de aquella velada. La casualidad de que te encuentren en el lugar preciso. La suerte de una invitación. La maravilla de encontrar hippies que te abren su corazón. El delicado sabor de unas navajas con salsa de limón.
Hacia tiempo que soñaba con darme una buena cena, por la cara, a la orilla del acantilado y viendo plácidamente caer la noche y por mis muertos, que lo conseguí de la manera más inesperada. ¡JAJAJA!
En el albergue de Saliencia nos encontramos al tipico muchacho que ha emigrado al campo junto a su pareja para buscarse las habichuelas. Un lugar de paz en el que descansamos despues de una dura jornada de bici. Un lugar en el que el posadero comparte desayuno con sus clientes, necesariamente tiene que ser un lugar con algo especial. No es facil explicarlo pero en el albergue de Jose, encontramos eso que buscas antes de irte a la cama con el estomago lleno. Un bar repleto de lugareños poniendose las botas de birras. Tipos con enormes barrigas y quemados por el sol del verano. Campesinos del siglo XXI conversando sobre sus vehiculos, las faenas del campo y pagando religiosamante su turno de cervezas. Un albergue a los pies de la Farrapona y que sin duda se llenara en septiembre cuando pase la vuelta ciclista a España por delante de su puerta.
Lo del bar de Torrestio no tiene desperdicio.Lo regentan los típicos progres que emigraron al campo para llevar una vida más sana en contacto con la naturaleza y así poder ofrecer a sus hijos una vida mejor y basada en otro tipo de valores. Me molesta mucho que me tomen por un adinerado burgues de ciudad, que se va al monte con su carisima bicicleta de montaña,para hacer una actividad que en estos momentos está muy de moda. Pero todavía me molesta más que me consideren una mera tarjeta de crédito con derecho a ser usada de cualquier manera. Lo cierto es que la chica del bar de Torrestio con toda su cara nos metió 37 € por lo que veis en la primera imagen + cuatro latas de Acuarius y se quedó tan pancha. Mi amigo Jose Luis lo cuenta con mucha gracia en su blog " desdelpicu". Te puedes imaginar las risas llenas de indignación que nos echamos a costa del embutido y el queso de Torrestio.
Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos menos un derviche arapiento.
El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió saber por qué no se había inclinado como los demás. El derviche contestó: - Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que tú tienes : dinero, poder, posición social. Gracias a Dios esas cosas ya no significan nada para mí. Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si tengo dos esclavos que son tus señores?. La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera. - ¿Qué quieres decir? - gritó. - Mis dos esclavos, que son tus maestros, son la ira y la codicia - dijo el derviche tranquilamente. Dándose cuenta de que lo que había escuchado era cierto, el sultán se inclinó ante el derviche.
Cuelga en el salón de mi casa un preciso Martín Pescador preparado para darse un buen festín . Al igual que el de la imagen que te posteo. Lo curioso del caso es que la autora de mi cuadro también es una buena hostelera de la comarca de la sidra. En La Lonja de Santolaya solamente tuvimos tiempo de tomar un refresco y admirar los preciosos cuadros de Carmen Soto, una guerrillera en toda la extensión de la palabra. Tiene muy buena pinta y a muy buen precio Eva Bedriñana la otra pintora tampoco lo hace nada mal. En su hotel rural Casa Tata. Lo mejor de todo es que tiene muy buen rollo con los que por allí pasan en bicicleta. Al estar situado en el Camino de Santiago de la Costa es fácil encontrar peregrinos que hacen su final de etapa.El hotel está situado en Cardes, frente a la ría y cuanta con una vistas maravillosas. En algún momento haremos una rutilla por la zona y nos aprovecharemos de las parrillas que tiene en el jardín.
Creeme si te cuento que aquel café me transportó a una playa paradisiaca. Música, chicas y muchas tablas de surf fue lo que me encontré de golpe. Ver pero no tocar era la regla. Por suerte todo transcurría en mi día tranquilo. El olor de las barbacoas me lo ponía difícil. Miles de furgonetas distraían mi atención. Un grupo de músicos con las caras cubiertas estaba subido al escenario. La luz cálida del atardecer se quería colar en mi Lumix. Estos chicos se desplazan en unas pesadas bicis con neumáticos gruesos. Todos miran para el horizonte. Una sensación de tranquilidad recorre mi cuerpo y cuando mejor me lo estoy pasando me despierto con el sonido de: El tren ha llegado a su destino.