De todo eso hemos tenido un poco recorriendo el P.R. AS-51 que nos acercaba a Peña Cabrera. Pero cinco horas dan para mucho más. Dan para salir disparados con el aliento de un doberman en nuestros tobillos, disfrutar de un caldo de gallina, aceptar el consejo de la abuela cuando te dice que esos aparatos(GPS) no son de fiar o disfrutar de una tremenda bajada por un bosque encantado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario