Era un día lluvioso en mi ciudad.La bicicleta era la manera más rápida de llegar al evento.La lluvia y el frió hicieron que perdiera la calma. Me acercaba al ayuntamiento y mi humor empeoraba por momentos. Al lentrar al salón de plenos creo que me transformé. La temperatura muy agradable y el tono de lo que allí sucedía hizo que la paz y el sosiego me invadieran. Estaba acompañado por tres tipos muy grandes. Se rendía homenaje a Chechu Rubiera. Me recordaron que el había ganado su etapa italiana, bajo una tremenda lluvia. Luego las lágrimas invadieron su rostro. Estaba visto que era el día del liquido elemento. Por allí todo el mundo estaba feliz.Se retiraba un tipo que lo tiene todo,además del éxito deportivo, todo el mundo elogiaba su espíritu solidario,su gran compañerismo su exquisita educación, su naturalidad y otras cualidades que ahora mismo sería muy largo de enumerar.
Las casualidades hacen que al día siguiente me encontrase en la cocina de su casa tomando un café en su compañía, la de su mujer e hijo y la de una pareja de buenos amigos. Como siempre que paso por allí, alucino en colores de la naturalidad con la que me trata( me conoce más bien poco) y la familiaridad con la que nos recibe.Los lances de Zacarias, una vez más, nos hicieron pasas una bonita tarde.
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