Siguen gustándome las salidas masivas. Esas en las que 250 tipos, venidos de mil lugares diferentes, se reunen para hacer un recorrido circular de 40/50 km y acabar el día con una espicha, la entrega de trofeos( al mas veterano, al club con mayor representación etc.) y el sorteo de regalos.
La inscripción ya es toda una historia.Te vas encontrando con viejos amigos, viendo su nueva bicicleta, observando que ahora se depila las piernas y que tiene pinta de más pro. Cuando llega la salida, el lió se hace mayor. Todo el mundo quiere colocarse en los primeros lugares y no hay quien se revuelva. Los primeros caminos generan los primeros atascos. Luego se va tranquilizando todo y cada uno ocupa su lugar. Es el momento de pedalear tranquilo y disfrutar del entorno. Cuando llegas al habituallamiento tienes tiempo de comentar la jugada con los compañeros y rapidamente otra vez a subir montañas. Los últimos kilómetros son otra historia.Todos sentimos la linea de meta y eso hace que tu bicicleta tenga alas.
Después es otra película. Colas para limpiar la bici. Problemas en el vestuario para poder ducharte y la ventaja que ese tiempo de espera lo utilizas en volver a hablar, ver los "pepinos" que se han comprado los más pros y hacer planes para próxima semanas.
El final de fiesta tampoco tiene desperdicio. Carreras para pillar la tortilla, los calamares y los chorizos a la sidra. Cuando ya tenemos el estomago lleno llega el sorteo de premios. Tu dorsal es el nº a seguir. Pequeños detalles que hacen que, si eres tu el afortunado, marches para casa con una doble sonrisa.
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