Ir al contenido principal

De palacios y palaciegos


Bluetomate se detiene delante del inmueble. La portería me hace pensar que es un edificio catalogado. Empujo el pomo de la puerta y me veo inmerso en otro mundo. Todo es armonía, un pasamanos con mucha historia, unas paredes muy bien pintadas y una sensación de categoría difícil de explicar. El ático me sorprende ligeramente. Podía esperarme algo parecido. Entro en un mundo de equilibrios, un mundo de colores suaves y paredes que cuentan historias, pero historias bien contadas y mejor firmadas. No me puede sorprender la limpieza, la amabilidad y el trato exquisito de mis anfitriones.
No estoy seguro de que mi agua de colonia de Mercadona de el nivel, pero estoy dispuesto a ponerlo todo para causar una buena impresión.
De repente me encuentro rodeado de gente amable, tranquila, risueña y acogedora. ¡Qué pasa aquí, menos mal que me he puesto los calzoncillos de fiesta! Todos van vestidos con sus mejores galas, todos tienen unas manos bonitas, sus uñas están perfectamente cortadas y es una fiesta verles llevarse las copas a la boca. Mantienen unas conversaciones muy fáciles. Pasan los minutos y lo que había empezado como algo muy agradable, se trasforma en algo delicioso.
Mi mamá siempre me dice que disfrute de todo tipo de alimentos, que cuando me inviten a algo no lo rechace y que disfrute de nuevos sabores y de nuevas compañías. Pero cuando se inicia la cena ya se que no me marchare con hambre esa noche. Una ensalada de mil colores y una variedad enorme de matices es solamente el principio de una bonita noche.
Comer, hablar, planificar y criticar es lo que nos llevó esa larga noche. Licores, chocolates, infusiones y esas fresas con chocolate caliente ponen un gran broche al inicio de una larga lista de veladas que están por llegar. Esos besos y esos abrazos de despedida son sinceros.
Mi querida Blue me espera abajo, al estilo far west. Me subo a ella y cabalgando por la ciudad la voy poniendo al día. A esas horas de la noche mi ciudad me inspira soledad y una puerta que se abre al nuevo día. Me encanta pasearme cuando la ciudad duerme. Llego a mi hogar y el calorcito que me da mi cama hace que me duerma con una sonrisa en mi cara. Cuando me despierto no se muy bien si ha sido un sueño o me ha sucedido de verdad. Dichewemy está pinchada en sus dos ruedas y se que si quiero llegar a mi cita del sábado tengo que darme prisa.
P.D. De la ruta del sábado hablaremos en el siguiente post.

Comentarios

  1. Bonita historia! No se si ha sido real o un sueño. Espero que lo único real no haya sido las dos ruedas pinchadas.

    ResponderEliminar
  2. Ha sido real amigo, ha sido real.¡Como un sueño!Blue

    ResponderEliminar
  3. Anónimo9/3/11 13:04

    Qué majo eres amigo!!
    Gracias por tu presencia en nuestra casa, y en nuestras vidas!!
    caro

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana