Ir al contenido principal

Un día tranquilo en el occidente asturiano




Era justo lo que necesitaba, una invitación para hacer una ruta por Llanes y sus alrededores. Fue una caricia para los sentidos. Era un viernes laborable. La temperatura por encima de los 15ºC y la brisa marina acompañándonos con una gran discreción. Un par de durísimas subidas nos pusieron tensión en las piernas, pero lo demás fue rodar, rodar y rodar.
Con mi compañero de ruta y de trabajo hacia casi un año que no coincidía. Pero los malos hábitos nunca se pierden y resulto como tenia que suceder. Dialogo fácil, conversaciones intimistas y un montón de datos que solamente te puede dar un buen anfitrión y un buen conocedor de la zona.
La cerveza en un local rustico con mucho encanto, el bocadillo de picadillo en la plaza del pueblo, el café en el bar de la estación, los encuentros con los bicigrinos (de eso hablaremos mañana), los bufones de Arenillas, el ídolo de Peña Tu, el puente sobre el río Purón y los cubos de la memoria resultaron ser un marco incomparable para un paseo de amigos.
El rodar fácil por pistas sencillas y con poca inclinación y los kilómetros por carreteras comarcales solitarias y rodeadas de vegetación se sucedían al igual que las conversaciones que manteníamos. Por instantes hablábamos de temas laborales (trabajamos en el mismo centro educativo), saltábamos a viejos recuerdos de pasadas excursiones y, por supuesto que rajábamos de nuestros amigos comunes. En ocasiones nos alejábamos para realizar la foto de turno e inmediatamente mi compañero me aleteaba con datos del lugar por el que pasábamos o me hablaba de anécdotas de los lugareños. El lugar daba para mucho, casas de película, historias de la emigración a Centroeuropa o recuerdos de la infancia hicieron las delicias del que os escribe.
Después de una reconfortante ducha de agua calentita (es lo que más me gusta al acabar la jornada) en la residencia de verano de mi amigo solamente quedaba sellar el día con un fuerte abrazo y llegar a mi ciudad con unas tremendas ganas de compartir contigo los momentos vividos.


Comentarios

  1. La crónica me ha encantado, casi casi he viajado con vosotros y he sentido el tibio sol de febrero en el costado...
    Ah! y la canción, sublime, no te lo creeras pero es una de mis canciones favoritas , con diferencia...¡que buen gusto musical!!

    ResponderEliminar
  2. Pues a mi la canción no me entusiasma pero las imagenes y el texto , sí que me mola

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana