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No sin mi camara


En ocasiones es una suerte no llevar a mi querida Lumix encima. Se mete por todos los rincones, es una preguntona,quiere estar en medio de la jugada y encima luego se lo cuenta a todo el mundo. Hay ocasiones es mucho mejor disfrutar del momento y dejar los testimonios graficos para mejor momento. Así me sucedió el domingo pasado.Después de una mañana dura de pelar con mucha bicicleta y algunas risas pude disfrutar de un pedalear tranquilo, un delicioso pan de pita con mucha, mucha miga y un paseo relajado por mi ciudad. Lastima que como en alguna ocasión más. me haya quedado a mitad de ruta por culpa de un inexperado pinchazo.




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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana