Primer domingo con horario de verano y mira que nos importa bien poco. Sigo con la buena costumbre de levantarme al amanecer, esas luces son especiales y a esas horas solo vagan por la ciudad personajes interesante. Poco que comentar de este amanecer. Una mano negra, pidiendo y en estos tiempos, pues mal lo tiene el chico. Pero también he visto manos tendidas, aplausos muy sonoros. Por cierto el tendero de mi barrio lleva al domicilio de los ancianos la compra, sin coste adicional y les permite pagar en metálico o con tarjeta. Pero lo mejor que tiene es la amabilidad y dulzura con sus clientes.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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