No hay mucho que comentar, simplemente que no todos lo tenemos igual de fácil. Esa mujer que lleva sus posesiones y su casa a cuestas, el chico de la silla de ruedas, la pandilla sesentera aficionada a la hierba y y otro tipo de sustancias, el padre de familia que no llega ni al cuarto día del mes y otros colectivos de los que ya he hablado. Por eso y por más cosas, no me gusta asomarme a las redes sociales y ver a la gente tomando el sol en sus piscinas, dándose festivales gastronómicos o mostrando sus casas repletas de la tecnología de la manzana. Sigo pensando que la calle es la mejor escuela y yo estoy aprendiendo mucho desde mi ventana. Hoy hemos comenzado el fin de semana con un amanecer precioso y lo terminaremos con una puesta de sol llena de aplausos. Como dice la canción de Jimmy Scott "Day by day"
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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