A primera hora de la mañana son un ejército. Inconfundibles por su aspecto, chicas/señoras cargadas con sus súper mochilas al hombro y perfectamente uniformadas. A las 6 de la mañana y corriendo de portal en portal para acabar su dura jornada. Me cuentan que están destrozadas, ahora tienen más trabajo. Desinfectan con una disolución de lejía y agua oficinas, organismos públicos, residencias etc. Su trabajo se ha convertido en importante, yo diría que imprescindible, estos asombrosos días . Pero todo sigue igual. Sus sueldos dan risa, sus condiciones laborales también y el trato que les damos aún peor. ¿Las saludamos en alguna ocasión cuando las vemos en el portal? ¿Sabemos su nombre? ¿Las miramos a los ojos cuando nos cruzamos por las mañanas? Pues ahora, en gran medida, ellas tienen la solución. Hoy mi aplauso de las 8 va por ellas y mucho me temo que no servirá para que les suban el sueldo.

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