En el mismo lugar y a la misma hora de ayer había que volver. Ese cielo de otoño había que saborearlo. Ellos hacían lo mismo. Mientra yo atizaba con ganas el disparador de mi querida Olympus, ellos apuraban las últimas caladas de sus cigarros. El fuerte olor invadía mis pituitarias. Pero ellos tranquilos, yo tranquilo. Supongo que el sonido del mar y la luz que nos inundaba ayudaba un poco.
Mis pensamientos iban hacia otro lugar. Ayer solo con mi querida Brompton y hoy buscando el mismo instante que ya no se repetirá nunca. Por suerte con nuestras "amadas" bicicletas llegaremos, con toda seguridad, a paraísos perdidos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario