No es la primera vez que pasaba por allí.Pero las sensaciones del sábado fueron muy diferentes. Al final de aquella cuesta, un núcleo de casas de aldea. No se, cuatro o cinco, todas alineadas al borde del camino. Pero con una simple mirada sentí algo diferente. Desolación era lo que allí se respiraba. Todas abandonadas. Todas llenas de restos de una vida que había acabado de forma lamentable. Unas botellas de sidra por un lado, la inevitable zapatilla de cuadros cerca de un miserable felpudo. Las paredes invadidas por la humedad, descoloridas y desconchadas. Esa imagen pedía blanco y negro y por eso te la posteo así.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

Comentarios
Publicar un comentario