Otra tribu diferente que se da cita a orillas del mar Cantábrico. Este fin de semana a primera hora de la mañana pude observar una de esas curiosas reuniones, en las que todos en silencio y con los objetivos apuntando hacia el mismo lugar, disparan y disparan tratando de congelar ese gesto en el vuelo, en la caza o en el cortejo de las aves recién llegadas.
Nunca llegare a entender el por qué de nuestra necesidad de congelar los instantes. Siempre he preferido vivirlos a inmortalizarlos, pero siempre me gusta llevar mi Lumix por si aparece esa imagen o esa sonrisa que merece la pena ser inmortalizada.
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