Podría contar infinidad de historias dentro de la historia de ese día pero me quedaré con el sonido de mi querida Dichewemy. Un sonido de dolor contenido en las fuertes rampas de bajada desde las Praderas hasta Nava. Un agorero con buen tino dijo que aquel sonido era el sonido que hace un cuadro de carbono cuando dice, hasta aquí hemos llegado. Lo cierto es que mi querida Dichewemy tiene una enfermedad de difícil curación y lo cierto es que el que escribe es amigo de sus amigos y siempre tiene el compromiso de acompañarles en lo bueno y en lo malo y en lo regular. Osea que toca ir al medico con la mayor celeridad posible.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
¡Uff! Espero que el médico te de buenas noticias.
ResponderEliminarNo te imaginas cuánto siento haber acertado con el mal de Dichewemy (a pesar de haber quedado como un friki del youtube, según Joserra) pero el sonido me era demasiado familiar. A la espera de volver a vernos lo mas pronto posible para prepararnos para el Atlas.
ResponderEliminar