martes, 15 de marzo de 2011

El viejo tomó su barca en silencio, y con gran esfuerzo, aprovechó la subida de la marea para que, apoyando el remo en la arena, se sintiera mecido...

por el mar en el que había crecido. En este viaje no llevaba artes porque en esta ocasión no salia a pescar. El resto de los ancianos del lugar le vieron partir hasta perderlo en el horizonte y a él se le borraron los matices. El cielo, la tierra y el mar se confundieron. Eran otros años, pero él prefería irse con los recuerdos de sus tiempos y sus gentes.

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