Era justo lo que necesitaba, una invitación para hacer una ruta por Llanes y sus alrededores. Fue una caricia para los sentidos. Era un viernes laborable. La temperatura por encima de los 15ºC y la brisa marina acompañándonos con una gran discreción. Un par de durísimas subidas nos pusieron tensión en las piernas, pero lo demás fue rodar, rodar y rodar.
Con mi compañero de ruta y de trabajo hacia casi un año que no coincidía. Pero los malos hábitos nunca se pierden y resulto como tenia que suceder. Dialogo fácil, conversaciones intimistas y un montón de datos que solamente te puede dar un buen anfitrión y un buen conocedor de la zona.
La cerveza en un local rustico con mucho encanto, el bocadillo de picadillo en la plaza del pueblo, el café en el bar de la estación, los encuentros con los bicigrinos (de eso hablaremos mañana), los bufones de Arenillas, el ídolo de Peña Tu, el puente sobre el río Purón y los cubos de la memoria resultaron ser un marco incomparable para un paseo de amigos.
El rodar fácil por pistas sencillas y con poca inclinación y los kilómetros por carreteras comarcales solitarias y rodeadas de vegetación se sucedían al igual que las conversaciones que manteníamos. Por instantes hablábamos de temas laborales (trabajamos en el mismo centro educativo), saltábamos a viejos recuerdos de pasadas excursiones y, por supuesto que rajábamos de nuestros amigos comunes. En ocasiones nos alejábamos para realizar la foto de turno e inmediatamente mi compañero me aleteaba con datos del lugar por el que pasábamos o me hablaba de anécdotas de los lugareños. El lugar daba para mucho, casas de película, historias de la emigración a Centroeuropa o recuerdos de la infancia hicieron las delicias del que os escribe.
Después de una reconfortante ducha de agua calentita (es lo que más me gusta al acabar la jornada) en la residencia de verano de mi amigo solamente quedaba sellar el día con un fuerte abrazo y llegar a mi ciudad con unas tremendas ganas de compartir contigo los momentos vividos.
Con mi compañero de ruta y de trabajo hacia casi un año que no coincidía. Pero los malos hábitos nunca se pierden y resulto como tenia que suceder. Dialogo fácil, conversaciones intimistas y un montón de datos que solamente te puede dar un buen anfitrión y un buen conocedor de la zona.
La cerveza en un local rustico con mucho encanto, el bocadillo de picadillo en la plaza del pueblo, el café en el bar de la estación, los encuentros con los bicigrinos (de eso hablaremos mañana), los bufones de Arenillas, el ídolo de Peña Tu, el puente sobre el río Purón y los cubos de la memoria resultaron ser un marco incomparable para un paseo de amigos.
El rodar fácil por pistas sencillas y con poca inclinación y los kilómetros por carreteras comarcales solitarias y rodeadas de vegetación se sucedían al igual que las conversaciones que manteníamos. Por instantes hablábamos de temas laborales (trabajamos en el mismo centro educativo), saltábamos a viejos recuerdos de pasadas excursiones y, por supuesto que rajábamos de nuestros amigos comunes. En ocasiones nos alejábamos para realizar la foto de turno e inmediatamente mi compañero me aleteaba con datos del lugar por el que pasábamos o me hablaba de anécdotas de los lugareños. El lugar daba para mucho, casas de película, historias de la emigración a Centroeuropa o recuerdos de la infancia hicieron las delicias del que os escribe.
Después de una reconfortante ducha de agua calentita (es lo que más me gusta al acabar la jornada) en la residencia de verano de mi amigo solamente quedaba sellar el día con un fuerte abrazo y llegar a mi ciudad con unas tremendas ganas de compartir contigo los momentos vividos.
La crónica me ha encantado, casi casi he viajado con vosotros y he sentido el tibio sol de febrero en el costado...
ResponderEliminarAh! y la canción, sublime, no te lo creeras pero es una de mis canciones favoritas , con diferencia...¡que buen gusto musical!!
Pues a mi la canción no me entusiasma pero las imagenes y el texto , sí que me mola
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