
Mientras hacia las fotos que te posteo me daba cuenta que estaba viviendo el ultimo aliento del Rocamar. Ya no había ocupas, ni cartones de Don Simón por el suelo. Apenas pude encontrar botes de spary desperdigados por el entorno. Pude contemplar con calma las paredes que con tanto ingenio había pintado el
Señor X , Ocelt, Laket y otro montón de secuaces. Era al atardecer y la cálida luz del sol hacia que todo estuviese bonito y tranquilo. Pensé en el joven y solitario vigilante del Rocamar, siempre con la mirada perdida y el equilibrio flojo, y los camaradas que le acompañaban en las largas noches del invierno. Vi un suelo completamente despejado en el que destacaba la elemental parrilla que les servía para calentar sus frugales alimentos. Su porche y los aposentos de verano ya habían sido abatidos por las despiadadas excavadoras.
Lo que depare el futuro a los habitantes de aquel lugar, al solar y a los graffiteros que por allí pasaban, para mi es una incógnita. Pero tiempo al tiempo seguramente nos iremos dando cuenta que todo cambia o se transforma y que los cambios y las transformaciones no siempre son para peor.
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