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Recordando en días de lluvia




En cuanto empiezan los días de lluvia me gusta refugiarme en los archivos de mi ordenador. Pongo las imagenes en modo diapositiva y a disfrutar de los buenos momentos vividos en la época estival. Ahora me acuerdo de Penamacor. De la amabilidad de aquel posadero, de su relación con Asturias( véase el cuadro del fondo). Del fuerte calor de la mañana y el plácido paseo por el embalse, de la escalada deportiva para encontrar el camino, de la velocidad media que llevábamos etc. Pero la gran suerte es tener una bitácora como la del amigo Jose, desdelpicu , que además está perfectamente documentada y nos da una idea exacta de lo que fue nuestro GR 22. Un buen recurso para tirarse unas horillas soñando con aquellos días.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana