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Huevos con picadillo al oscurecer




A esas horas de la tarde en las casas de campo se está cenando.Mi costumbre de saludar a toda persona que se cruza e mi camino, sumada a la de realizar rutas nocturnas por los mismos sitios, en ocasiones te depara sorpresas. Aquella tarde/noche bajaba del monte por el camino de siempre. Los gatos de la casa hicieron que me detuviese. Por la ventana se filtraba un olor de muerte. Los perros comenzaron a ladrar y el dueño de la casa salio algo asustado. Saludé como siempre y me detuve a comentar ciertos aspectos de nuestras salidas nocturnas. Los lugareños ven luces “raras” por los caminos, moviendose a toda velocidad y pasan miedo. Siempre escucho eso de ¡Segun estén las cosas, puede ser cualquier desaprensivo! La conversación degeneró hacia la vertiente gastronómica cuando salió una encantadora dama de la cocina. Me contó que había nacido en el campo pero en la zona de Libardón.Era encantadora, muy parlanchina y con una sonrisa y una visión muy positiva de las cosas. Deduje que era buena cocinera, que había tenido una vida de total dedicación hacia su familia y que le iban bien las cosas. Se me hacia tarde , las luces de la ciudad hacia mucho que se habían encendido y mi estomago estaba vació.Una cosa lleva a la otra y al final , de una manera incomprensible, mi mochila se lleno de picadillo de aldea. Tenia claro que un regalo así no lo podía rechazar. Baje a toda velocidad. Primero un camino de tierra, luego el asfalto de una carretera local y para finalizar una de las sendas que rodean mi ciudad. Encendí la luz de la cocina y empecé a prepararme la cena. La ducha podía esperar. Los huevos no eran de aldea pero eran de los grandes. La cerveza más adecuada para mi cena era una Chang made in thiand. Mientras cenaba con tranquilidad pensaba en lo que puede significar que esta gente te invite a entrar en su cocina o que te metan en un taper parte del picadillo de la cena de ese día. De alguna manera corresponderé a su amabilidad, pero no me será fácil, son personas que valoran más los gestos y las acciones que cualquier tipo de regalo material.

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¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana