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Esa espina que se te quedo clavada en el 2013

Ha sido un gran año, hay que reconocerlo , pero siempre hay alguna espinita que se te queda clavada. La mía la puedes ver en la imagen. Una espina que me acompaño tres semanas completas y que gracias a un buen antibiótico que me dieron en Trevelez, y la mano experta de todo un cirujano(de nombre Javier), se quedó en el refugio de Poquerira. El cachondo de medico de guardia de mi distrito, tras una minuciosa exploración llegó a la conclusión de que no tenia nada. Su aguja recorrió con tranquilidad y profundizó en el  discreto bulto que me salio en el muslo. Un bulto que me dejo ko 20 días y al que no dí demasiada importancia, pese a que a la hora de acostarme y cuando pedaleaba, me recordaba que estaba en prisión y que no encontraba una salida digna a tan embarazosa situación. Aquel día en Trevelez me di cuenta de que ya no me quedaban ganas de seguir aguantando sus constantes pinchazos y con un simple buen consejo y 3 humildes euracos de crema antibiótica, en 24 horas ten...

Un día cualquiera del fin de semana en un café, lo vi empezar de nuevo

Veo estas cinco imágenes de los pasados días de fiestas y no dejo de sorprenderme. Hay un poco de todo y lo hay a escasos kilómetros de mi hogar. He presenciado puestas de sol , recorrido  unas sierras preciosas, visto caballos en libertas correteando por las praderas, escuchado el sonido de las raquetas al romper la nieve virgen, sentido el fuerte viento golpeando mi rostro y sorteado el inestable tiempo mientras mi ciudad se llenaba de nubes maliciosas. Sentado en la terraza de algún café del barrio alto y con el inevitable perfume de las hierbas alucinógenas me doy cuenta que estas historias podrían haberme ocurrido en otros lugares paradisiacos. Que la música de Taylor Switf podría haber sonado en cualquier lugar, pero sonaba en nuestras cabezas. Que los solitarios paisajes estaban allí y que solamente los estábamos disfrutando nosotros. Que la casualidad o Maldonado quiso que las condiciones meteorológicas fuesen esas y no otras. Que el sudor al subir la mon...

Para arriba

Llega el final de año y uno siente que va cumpliendo años y que su corazón se va ablandando por instantes. Sentado en la plaza mayor viendo el mundo pasar o desde cualquier mirador de la ciudad, solamente puede sentirse tranquilo y feliz viendo la vida pasar. Unas testaradas lágrimas recorrían mis mejillas, hace unos instantes, viendo una tierna y edificante película de niños. Pero el mismo sentimiento me recorre cuando veo a esos vecinos que plagados de problemas físicos, luchan todos los días para cruzar el semáforo en los tiempos establecidos. O los alegres emigrantes que pasan el tiempo sentados en el parque de mi barrio. O el  dueño del bar que doblado por el trabajo y los años, sigue trabajando con una dignidad admirable. O el que todo lo sabe y que vende el cupón, con graves mutilaciones en su cuerpo y cara de serena resignación. O la chica del kiosco que pese a su grave enfermedad te atiende siempre con una gran sonrisa. Todos esos ejemplos que me rodean y que a diario ...

Recordando el paseo del día de Navidad

 Seguro que la mejor manera de bajar la comida de la noche buena es dando un paseo en bicicleta. Como la ciclogénesis explosiva nos dio una tregua, nos cargamos de energía positiva y nos dispusimos a respirar el aire de la ciudad. Vimos deportistas nadando en las templada s aguas del cantábrico, adultos con sus mejores galas paseando por los típicos lugares de la ciudad, parejas contemplado el tranquilo oleaje,  amigos haciendo tiempo hasta la hora de la típica comida de Navidad, las tropas del vikingo de Cimadevilla volviendo a sus aposentos etc. Pero lo que  verdaderamente nos gusto fue lo que se respiraba en el ambiente, o por lo menos lo que nosotros respiramos. Sonidos de blues con la mezcla perfecta de góspel muy adecuados para estos días y que nos dejaron nuestro espíritu limpio y preparado para recibir el torrente de buenos momentos que nos esperan estos entrañables días