El suelo de la chopera estaba impracticable. Tierra muy dura con surcos enormes y un sendero lleno de púas con malas intenciones.
El sol de medio día se filtraba entre las hojas de los enormes arboles.
No me quedaba más remedio que caminar con tranquilidad en dirección a mi bicicleta. Me llevaba esperando una hora y la incertidumbre del reencuentro me preocupaba.
Afortunadamente allí estaba acompañada por esos enormes chopos adornados con la bonita luz del final de la mañana.

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