Esas historias que cuentan las paredes de mi ciudad. Esos artistas callejeros que se expresan a su manera y esa bicicleta que nos acompaña en todos los recorridos urbanos.
Una mirada triste y perdida en un día gris. La pared de una nave abandonada y ese niño que quiere decir algo. Con timidez, con la mirada lastimada y con el sufrimiento que lleva dentro. Una mirada que, a pesar de todo, lleva la luz de la esperanza, esa luz que rodea todo el retrato.
Me quedo con eso, con la esperanza, con la denuncia y con la dignidad dentro del sufrimiento. La vida continúa y continúa para ser mejor, para encontrar la alegría y la libertas que todos merecemos.
Lastima que este retrato este escondido, mejor dicho, guardado en el fondo de la nave. Protegido de miradas que no saben ver y a la vista de los valientes, los atrevidos, los curiosos, que por allí se atrevan a pasar.
Pero como todo en la vida el que lo quiera encontrar, tendrá que buscar, investigar y enfrentarse a las dificultades que conlleva bucear en nuestras entrañas.
Hoy me despido con un fuerte abrazo del artista y de un arte que no todos saben leer. En nuestra ciudad tenemos museos que ni conocemos y en esta bitacora seguiremos difundiéndolos para nuestro goce y el de los que nos siguen.

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