Quizás sea él quien mientras esperaba a sus amigos para ir al instituto, se decidió a escribir su nombre en el banco.
Quizás haya sentido la nieve en su rostro mientras pensaba en su horario de clase.
Quizás esos instantes de la mañana sean los mejores del día.
Seguro que no volverá a vivir esa sensación en mucho tiempo
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