Con esta frase me saludaban en mi ultima salida dominguera:
¡HOMBRE, UN CICLISTA MAJO!
y todo por el simple hecho de pararme y detener a su perro que parecía muy asustado.
Pero la reflexión y el problema es que a los ciclistas nos empiezan a ver como una amenaza. Una amenaza para su integridad física, para la de sus hijos y para sus mascotas. Está claro que tenemos que encontrar nuestro lugar, que tenemos que moderar nuestra velocidad y que tenemos que evitar ir en tropel en las salidas ciclistas.
Ellos también tendrán que revisar sus comportamientos, pero en estos momentos en los que el ciclismo en todas sus modalidades está creciendo, nuestra responsabilidad es grande. Si queremos que nos traten con respeto y que nos hagan fácil la vida nosotros tendremos que actuar de la misma manera. A diario veo conductas reprochables en usuarios de bicicletas y no son siempre jóvenes los que las cometen. Es preocupante ver a toda esa cantidad de jubilados, pre jubilados y desocupados hacer series por los carriles bici, ir ocupando todo el carril o actuar con total desprecio hacia los que no practican su mismo deporte.
Lo dicho demos ejemplo y dejémonos de buscar los problemas en los demás.
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