Parece mentira pero que fácil es perder el control. Un pequeño contratiempo en forma de caída, un susto que te lleva al suelo o un problema mecánico y todas tus coordenadas se vienen abajo. Esa inseguridad que hace que pilotes torpemente, que no sepas elegir la trazada buena y que siempre encuentres la piedra delante de tu cubierta. Pues eso que se acaba la ruta y retomas esos momentos para hacerte más fuerte. Esperas que todo vuelva a su lugar y ya esperas la próxima salida para alejar el mal sabor de boca que te ha quedado.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

Lo importante, a pesar de los contratiempos, es que al final todo deje un buen sabor de boca, incluso después de haber perdido levemente el control.
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