Parece mentira pero que fácil es perder el control. Un pequeño contratiempo en forma de caída, un susto que te lleva al suelo o un problema mecánico y todas tus coordenadas se vienen abajo. Esa inseguridad que hace que pilotes torpemente, que no sepas elegir la trazada buena y que siempre encuentres la piedra delante de tu cubierta. Pues eso que se acaba la ruta y retomas esos momentos para hacerte más fuerte. Esperas que todo vuelva a su lugar y ya esperas la próxima salida para alejar el mal sabor de boca que te ha quedado.

Lo importante, a pesar de los contratiempos, es que al final todo deje un buen sabor de boca, incluso después de haber perdido levemente el control.
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