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Primera edición de la Toralé Clasiqué.

 Las 18.30 de la tarde en Toral de los Vados y 24 ilusionados aficionados al ciclismo quieren emular a nuestros antecesores. Entre tanto personaje ilustre me coloco en un segundo plano. Bicicletas con cables por todos lados y frenos con zapatas petrificadas. El silencio no existe cuando se da la salida. Falta de aceite y una edad avanzada causan estragos en nuestras queridas bicicletas. Los corredores tampoco vamos para tirar cohetes. Me coloco en las últimas posiciones y observo al personal. Las vueltas neutralizadas son el anuncio de lo que se avecina. Codos en las curvas, una velocidad muy alta y apenas comentarios. Un problema con la señalización hace que me coloque, muy dignamente, en la penúltima posición. Puesto  que ya no dejaría hasta finalizar la carrera. 
Los pasos por meta serían de lo más emocionantes. El público animándonos desde sus mesas llenas de cervezas y vinos de la zona. En la iglesia una boda con todos sus invitados nos recordaba que las vueltas se van sucediendo. Sudamos de lo lindo para acompañar al "abuelo" y a otro abuelo de 72 años y muchos kilómetros en las piernas.
Sin darnos cuenta suena la campana de última vuelta y nos dejamos caer a cola de pelotón para acompañar a un ilustre y entusiasmado farolillo rojo.
Pero lo mejor estaba por llegar. Fin de fiesta con sardinada de lujo. Orquesta con música de los 80 hasta altas horas de la noche y sobre todo personas con una calidad humana fuera de lo normal. No hay palabras para explicar el buen rollo y el amor a las bicis antiguas que vivimos este fin de semana.  Por eso entrenaremos con mucha ilusión para superar ese penúltimo puesto en la segunda edición de tan bonita carrera de bicicletas clásicas.



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