miércoles, 16 de octubre de 2013

Por los Alayos de Dilar




Se me quedará en la retina y en la memoria ese día. Es una de esas rutas con tintes de excesiva dureza y con una espectacularidad difícil de encontrar. De lejos parecía una pista que se iba hacia las nubes. ¡Imposible que la ruta pase por allí! Pero al final si que pasamos por allí. Pero el desnivel nos llevaba a unos paisajes poco habituales para nuestros ojos. La pista de polvo blanco compacto parecía una alfombra y se dejaba deslizar con un tacto diferente. Si a esto añadimos un par de decenas de kilómetros, ya tenemos el mapa completo de la zona. Los picachos que se dibujaban en la lejanía se acercaron y nos mostraron la grandiosidad del lugar.
Lo rematamos con la compañía de un par de locales con una disposición a la conversación poco habituales. El "Guty" y su compañero de fatigas hicieron de perfectos anfitriones y con ellos disfrutamos de un precioso atardecer.
Para rematar la jugada nos os alojamos en algo parecido al paraíso. No se podía pedir más. ¡Hay que volver a Dilar!

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