Hace dos días veíamos el bosque de Peloño con estos colores y y con la música que te posteo, aunque lo de la música puede que sea una pequeña licencia. Bajando el bosque nos confundíamos con el sonido de las moto sierras, el serrín que dejaban en el camino y el olor a madera recién cortada. un paseo de seis horitas rodeado de bikers que habían decidido pasar el sábado en el mismo paraíso. Entre Asturias y León viviendo un gran día otoñal. Recordando anécdotas de otras excursiones por estos mismos caminos. Comiendo nuestro bocadillo en el bar de La Uña y hablando con el más mítico furtivo de la zona. Todo con el Manpodre de testigo y unos compañeros que siempre están a la altura, y esta semana contaré por qué.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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