Una luz diferente, el frió aire de la tarde, un día tan especial como cualquier otro y una vega que tiene un encanto especial. Pasear por zonas rurales lo hace todo un poco mágico. Recorres esas carreteras secundarias y te sorprendes. Aldeas que rodean mi ciudad y en las que la vida es diferente. Casas cerradas y muy poca gente en los pueblos. Escenas que podría haber visto hace treinta años y menús de 20€ para habitantes de ciudad que creen estar comiendo algo tradicional.¿Eran mejillones a la marinera? Todos vestidos de la misa manera: pantalones con cuadritos en las rodillas, forros polares de marca, mochilas super ligeras y botas con alta tecnología preparadas para resistir una tormenta tropical. ¡Hace falta todo esto! Lugares que había visitado en otros tiempos con el grande de Quilo Xico y momentos en los que lo importante era contar historias y escuchar anécdotas de personas inmensamente grandes. Todas esas vivencias que hacen que te sientas grande, tan grande como la gente que te rodea.
Pedales con Memoria: cuando la montaña te devuelve lo que eres Hay rutas que se vuelven especiales. No por los kilómetros ni por el desnivel, sino por lo que te remueven por dentro. Esta nació de algo muy simple: las ganas de volver. Volver a aquella salida a la que Israel creador de Cabañas y Estacas ( ruta de bikepacking por Cantabria) nos invitó en 2024 y que, sin exagerar, nos dejó huella. De esas que no se borran ni aunque pase el tiempo, ni aunque las piernas ya no respondan como antes. Hace un par de meses lancé el anzuelo a unos cuantos amigos. De los de siempre. De los que ya no necesitan presentación. Gente con muchas batallas en las piernas… y aún más historias en la cabeza. Al final nos juntamos diez bocilovers, cada uno de su padre y de su madre, pero con algo muy claro en común: pasión por la montaña y por exprimir la vida desde el sillín todo lo posible… y un poco más, si se tercia. El parque móvil era para echarle un rato: dobles de BTT de última generación...
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