En mi ciudad no es normal encontrarse con adultos jugando a ser niños. Pues eso es lo que hacían los los muchachos de las Brompton. Todo estaba a nuestro favor. Después de la tormenta el cielo estaba claro y el sol se escondia vestido con un precioso naranja. Solamente hablamos de bicicletas. Nada más agradable que salir con tipos inteligentes y con don de gentes. Se lo sabían todo sobre las Brompton, fue una buena manera de profundizar en la materia. ¡Qué fácil resulta entablar conversación encima de una bicicleta!. Con el rodar alegre de las plegables nos dimos un paseo muy chulo con el mar cantábrico de testigo Como no podía ser de otra manera dejamos nuestras bicicletas a mano y nos sentamos en una terraza a charlas. Seguro que en algún momento haremos una quedada de Brompton hemos descubierto un sentimiento parecido hacia esta marca. Pero lo ma´s importante, como siempre, siguen siendo las personas y por eso nada habría sido lo mismo sin mis compañeros. Mas tarde se encendieron las luces del coche y cuando mi bicicleta descansaba en su minúsculo maletero pudimos darnos cuenta de lo grande que es volver a encontrase los amigos.
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