El hombre escuchaba y no daba crédito. Los muchachos hablaban con total tranquilidad antes de entrar en la pista. ¿Tu padrastro es gordo? Claro le respondía el chico de la izquierda. Una vez concluida la conversación sobre las características y los gustos de sus padrastros, se marcharon con la tranquilidad que da hablar de asuntos banales mientras queda libre la bañera del shy park de mi ciudad.
El que escribe y el que miraba se quedaron perplejos. Una mirada complice y una gran carcajada nos hizo comprender que las nuevas generaciones pisan muy, muy fuerte.
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