En la tarde del 5 de Enero tocaba soñar. Nuestro bicilover se busco un lugar tranquilo al resguardo del viento. El sol de invierno no llegaba a molestar. Apago su impertinente móvil y se permitió el lujazo de soñar. Soñaba con su mundo ideal. Imaginaba un tren azul repleto de música bonita y de palabras verdaderas donde las dulces bebidas hacían mejores a las personas, donde un ambiente perfumado con lavanda invitaba a la risa permanente y donde las nubes de azúcar llenaban los paladares de los más inocentes.
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