lunes, 28 de mayo de 2012

¡También te ha pasado a ti¡

Lo del sábado pasado fue un apurón en toda regla. Estaba haciendo una ruta por senderos poco transitados y en el que la única vida animada que había eran pequeños insectos y vacas del país. De repente tuve que detenerme y buscar un lugar resguardado. Mis tripas se estaban moviendo, mi cuerpo pedía guerra y tras unos primeros momentos de “rubor” salí pitando hacia el fondo del camino. Las ortigas se presentaban como un serio problema pero a medida que avanzaba vi un pequeño claro que sabía que me permitiría relajarme con tranquilidad. Un segundo después y a la velocidad del rayo ya había cumplido mi objetivo. Como suele ser inevitable en estos casos, un ciclista “perdido” pudo contemplar la escena sin apenas darse cuenta de lo que pasaba. Una vez solucionado el problema vuelves al camino con la sensación del deber cumplido y con la certeza de que la salida volverá a cumplir tus expectativas.

1 comentario:

  1. La naturaleza es muy sabia por eso hay que hacerle caso y dejar que siga su rumbo...

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