Nos gusta sentarnos a ver pasar el personal.
Nos gusta ver abrazos de despedida y de saludo.
Nos gusta el sonido del tren al partir de la estación.
Nos gusta ese último café antes de subir a nuestro tren.
Nos gusta sentarnos en nuestra butaca y compartir conversación con los compañeros de viaje.
Nos gusta meter nuestra bicicleta en el último vagón y al llegar a nuestro destino salir rodando al pasar la barrera.
Nos gustan los besos de tornillo que trata de exprimir esos últimos instantes.
Nos gustan esas miradas detrás de la ventanilla.
Nos gusta guardar los billetes de nuestros viajes.
Nos gusta ver atardecer desde dentro. La ventanilla y el reflejo del sol cuando se oculta es todo un acontecimiento.
Nos gusta levantarnos y dar un paseo hasta el vagón-bar.
Nos gustan los enormes relojes de los apeaderos.
Nos gusta…
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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