Caminar a la luz de la luna es algo diferente y cuando la luna llena te va contando historias solamente tienes que hacer una cosa, escucharla.
El tiempo me fue dando alegría tras alegría. Las escasas gotas solamente se convirtieron en chaparrón, los últimos dos kilómetros de recorrido(¡de que mal humor me pone estar empapado!)
En dos días y con diecinueve horas de caminata deje resulto el asunto. En ese tiempo tuve ocasión de ver animales en su estado natural, caminar con mis pensamientos, recibir llamadas de los que más me quieren, conversar con buena gente de aldea y deleitarme con los bonitos paisajes de la Asturias rural. Espectaculares fueron los amaneceres y los silencios y los sonidos de los pajaros al amanecer, el arcoiris de Anayo y las conversaciones conmigo mismo.
Y como siempre el gran placer de llegar a casa y contarlo todo a tus seres queridos y amigos.
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