Cuando instale el contador en esta bitácora, me comía la cabeza tener más y más visitas. Lo que se inicio como algo intimo, un diario personal, un álbum de fotos o algo parecido deseaba que fuese más y más visto. Lo seguían amigos del trabajo, de mis andanzas cicloturistas, de mi familia, de mis lugares de reunión, amigos hechos en la red, en fin amigos de muy diversa procedencia. A algunos les gustaba que les enseñase imágenes de mi cuidad, otros preferían que hablase de cosas más personales y otros me seguían de manera incondicional. Pasado un tiempo dejo de importarme la cantidad de visitas, lo que me empezaba a gustar eran esos pequeños detalles personales. Darle un abrazo virtual a un amigo, agradecer ciertos gestos a mis colegas, compartir sensaciones pasajeras o sentimientos más intensos, reflejar sonidos con matices muy difíciles de calificar. Me han pasado cosas muy bonitas en este canal de comunicación. Además me siento muy cómodo y no me supone un esfuerzo personal demasiado...