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Perdidos

Perderse en el camino en esta ocasión fue encontrar un paraíso. Cerca de Villalba con 40º y perdidos en un camino cualquiera. 
Una familia nos invita a un poco de sombra y un vaso de agua que finalmente se convertiría en zumo de cebada.
Resultado dos horas de tertulia en la que arreglamos el mundo y la tranquilidad que te da pararte cuando encuentras alguien que merece la pena. Aquellos dos matrimonios de jubilados, entre todos no hacían una dentadura completa. El orujo entraba en sus gargantas con gran facilidad. Los restos de una gran comida a la sombra de la higuera. Y una gran sobremesa que ya ha pasado al top 10 de los bonitos recuerdos del verano.
Por eso las prisas en los viajes en bicicleta tienen que ser algo relativo. Seguiremos recorriendo mundo mientras encontremos personas como aquellos vitales gallegos.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana