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Bonita manera de acabar esa historia.

Cuatro helados para finalizar una bonita relación. Pocas horas pedaleando es su compañía. Un par de maños duros como las piedras. Me llevaron " a gancho" una bonita jornada de ciclismo. Compartimos una pésima comida al final del camino. Y  a pesar de todo  nos quedó un buen sabor de boca
Pero son de ese tipo de personas que al mirarlos a los ojos sabes que hay buena sintonia. Risas sobre  las bicis, risas en la despedida y risas paseando por la ciudad.
No es fácil que nos volvamos a ver, pero quién sabe. Los caminos del señor son imprevisibles. Seguimos conectados por este tesoro que es internet.
Para personas como nosotros, tomar un buen helado y dar un paseo por Santiago de Compostela, como colofón final es todo un lujo. Las conversaciones se fueron desvaneciendo para acabar con una foto y un intenso abrazo que todavía sentimos en nuestro cuerpo.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana