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Bicis de ruedas gordas

Ya son una habituales de los caminos. Se han trasladado de las estaciones de esquí y las zonas de arena a todo tipo de terrenos. Este verano las he visto haciendo el camino de Santiago y a cualquier concentración que vayas, siempre te encuentras a un pequeño grupo de entusiastas de las ruedas gordas.
Unas semanas atrás nos dejaron uno de estos velocipedos para vivir sensaciones, pero no hemos podido disfrutarla. Se han equivocado de talla y lo dejaremos para otro momento. Lo cierto es que aquel día disfrutamos de una preciosa ruta gracias a nuestros amigos de Acojonante Team

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana