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En otro tren

Más de ocho horas en un tren dan para mucho. El continuo sube/baja de pasajeros es una autentica caja de sorpresas. Nos gusta observar y sobre todo interactuar con todo tipo de gente. 
Es muy fácil encontrar personas como el amigo de la imagen. Personas que llevan la casa a cuestas en bicis de muy escasa calidad. Pero lo importante esta detrás de toda esta parafernalia. Personas muy cerca de la exclusión social pero con una filosofía cuando menos interesante. Entre desvarios, risas y chistes soeces encontramos posturas vitales interesantes. Por desgracia a esas buenas  ideas se suman otras  peregrinas sumadas a acciones extrañas.
Lo cierto es que en aquel tren montamos una tertulia muy divertida, que hizo el viaje algo más ameno. Solamente  deseamos que se cumplan sus terrenales deseos y esperamos encontrarle en otro tren de esos que llevan nuestras bicicletas, no sin pocas dificultades.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana