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Llega un día que...

Llega un día que lo que empezó siendo un simple compañero de salidas, se convierte en otra cosa. El cariño hace el roce y en esto de las dos ruedas va más allá. Lo que empezaron siendo conversaciones banales y sonrisas, se acaba convirtiendo en algo personal e intransferible. Empieza a ser algo más que verse los fines de semana. Se mezcla la vida ordinaria, el día a día de la ciudad y los acontecimientos personales. Lo que es una afición se transforma en algo mucho más grande. Una simple fotografía, el cumpleaños de un hijo o sus actividades deportivas, las vacaciones en la nieve, las circunstancias laborales. Todo confluye para formar otra cosa que .....

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana