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Antes de que empiece a llover

Esos instantes anteriores  a que empieza a llover. El cielo se oscurece y tus gafas de sol dificultan aun más tu visibilidad.Huele de manera especial al caer las primeras gotas. El viento ya no golpea tu rostro. En tu cabeza un montón de sensaciones. ¿Me pongo la ropa de lluvia? ¡Esto, serán cuatro gotas o será el chaparrón del siglo? ¡Coño, justo el día que deje la ropa de lluvia en el armario!
Si la lluvia te pilla en la ciudad la historia cambia y las posibilidades de combatirla también. Pero la carretera se vuelve peligrosa, los coches pierden visibilidad y es seguro que llegarás hecho un asco a tu casa.
Pero el instante, el día o la ruta en la que te relajas, lo tomas como algo natural o decides que es un elemento más y que aporta cosas diferentes a tu aventura diaria, en ese instante, ese día o esa ruta toma otra dimensión. 
 

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana