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Parecia que había llegado el buen tiempo.

Pero todavía no, todavía tendremos que esperar unos días. Ayer lucía el sol en mi recorrido diario hacia el trabajo. Un fuerte luz se filtraba entre los arboles del parque proporcionándome un bonito contraluz. Al asomarme por la ventana por un instante había dudado si llevar chaquetilla o simplemente poner mi jersey fino.
Pero todo fue un espejismo ahora llueve y mis plan de fin de semana agreste se desmorona, claro que mientras escribo estas lineas y escucho la bonita canción de Dylan ya he hecho un millón de atractivos planes

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana