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En la zona rural


Precioso el  concejo de Sobrescobio. Un pueblecito empedrado lleno de hórreos y con el olor a madera cortada como seña de identidad. Curioso das un paseo y te acabas encontrando bicicletas oxidadas en trasteros, cuadras o cualquier recoveco de la granja. Bicicletas que seguramente en su día sirvieron para ir a recoger el ganado o para desplazarse hacia los campos de labor. Hoy cinco niños son el triste futuro del precioso Soto de Agues. Mañana más madera pero ahora toca soñar con las historias vividas por esas destartaladas bicicletas. Tiempos atrás en los que la bicicleta era el medio de transporte por excelencia.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana