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Hojas reforzadas



Quién dice que el otoño es una estación triste. Cuando paseas y miras al suelo te puedes encontrar un universo de colores y una gama de tonalidades que invitan a celebar una gran fiesta.Fiesta como la que me di yo, paseando en compañia del rio blanco y refulgente como la aurora. Un precioso paseo que me sirvio para respirar, llenarme de luz de otoño, sentir el agradable sonido del agua precipitandose sobre las piedras, recibir la dulce caricia del viento. y todo con mucha, mucha calma.  En ocasiones dejar la bicicleta aparcada y seguir el camino a pie , te hace ver otras cosas, te hace mantener otras conversaciones y reirte de otra manera diferente..

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana