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La bici Nº 13

Para mi es una leyenda. He oído hablar mi veces de sus idas y venidas a Italia. Me comentaban que solía hacer un viaje al año a Italia y que se compraba una bicicleta con la que volvía a Girón. Según parece volvía haciendo lo que más le gustaba, rodando por las carreteras de aquella época y con apenas lo puesto. Siempre me pareció que en los años 70 hacer este tipo de cosas era sinónimo de aventura de las gordas. El pasado viernes puede ver la bicicleta nº13 que trajo este apasionado ciclista de Italia. Es una preciosa Masi. Tope de gama de la época y fantásticamente conservada. Todita hecha artesanalmente y con unos detalles de escandalo. Su octogenario propietario la lleva con gran orgullo y no dejó ni que la tirásemos una instantánea, por eso de que Internet es un peligro. Ser la Nº 13 le supuso un gran honor y algún que otro problemilla, como era de esperar. Estuvo requisada por la autoridad acusada del delito de contrabando. Solamente la intervención de un ilustre de la bicicleta, El Tarangu, la libró de quedarse en un almacén de la autoridad portuaria por los siglos de los siglos Según me contaron el héroe de esta historia fue un buen amigo del famoso ciclista antes mencionado y uno de los mejores tipos que vivía encima de una bicicleta. El propietario de tan insigne velocípedo tampoco se queda atrás. Con 82 años y por lo peligroso que es circular por las carreteras actuales, está pensando sacar su viejo rodillo para ejercitar su deporte favorito, este inviernos que se nos acerca. Como te puedes suponer la Masi no es su única bicicleta, pero si que es su joya de la corona. La próxima ves que me lo encuentre tratare de robarle una imagen y averiguar algo más de su gran tesoro. Ver su cara mientra cuenta historias es todo un placer.

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¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana