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Curso del 69

Mientras apuro unos deliciosos fresones y escucho la canción que te posteo, pienso en las patatas rellenas que me comeré a la vuelta de mi paseo con la fixed (Mi vecina del sexto, ¡vaya como me cuida!) En aquella vieja BH roja aprendimos a andar casi todos los hermanos. Recuerdo lo mal que se me daba aquella curva de izquierdas y recuerdo a mi mamá aplicando toda su sabiduría para enseñarnos a andar. Si que eran unos años felices. Lo del traje de indio y el disfraz del sporting son otras historias.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana