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¡Agua y asucar!

Disfrutaba de un precioso atardecer en compañía de mi deseada Arco iris de fresa y no podía suponer los sabores que inundarían mis pituitarias este fin de semana. Micro mejillones de las rías gallegas, Mahou negras, bizcochos con estilo, couscus hechos con la autentica receta de una reina mora, fresas con nata pero nata de spray ( con el peligro que eso conlleva), rosquillas solidarias, queso y anchoas en cantidades pírricas, navajas a 3€ el kilo( hay que saber estar a la hora y en el lugar adecuado), más fresas pero ahora de otra manera, café con mucho dulce, la tortilla de mamá, el merengón que me regaló un grande y los bombones de licor que me encantan y que demuestran lo generoso que eres. Para acabar el arroz con calamares que descansa en mi nevera, que me lo regalaron en el camino ( muchas gracias, eres una buena vecina y el post de mañana es para ti) y que lo acepté como el presente de alguien que sabe que las cosas grandes, más tarde o más temprano te llaman a la puerta y que muy pronto rodará con su bici por las sendas.
Y ahora, cuando se apaga el domingo y mientras me como las ultimas fresas de la fuente y hago balance de estos dos días, solamente me faltó un comensal a la mesa(querido David esas fresas eran para ti, suerte que mi frutero me las volverá a dar, mientras pague religiosamente).
Arco iris de fresa descansa al fondo del pasillo y sabe que "alimentarse" bien es fundamental para rendir en la competición y te aseguro que me he alimentado de cuerpo y espíritu en condiciones.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana